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Columpio
¿Alguna vez podré irme?
Tú subes, creo que es seguro bajarme. Pero no lo es, porque cualquier indicio de que voy a pasar la otra pierna por encima te hará caer en picada. Así que me encuentro pegada a un ciclo interminable de arriba y abajo. ¿Por qué no podemos lograr el equilibrio? Tal vez porque soy la mitad de tu tamaño pero el doble de paciente. Tal vez porque sigo luchando por la versión de ti y yo donde al menos podríamos intentar resolverlo.
Se necesita una mínima cantidad de colaboración, pero de alguna manera—cuando niños todos entendimos que no puedes jugar en el columpio con alguien en quien no confías. Muchos de nosotros aprendimos eso a la mala.
No sabía entonces, ninguno de nosotros lo sabía, que el equipo de juego era un faro de sabiduría. Enseñándonos a navegar la traición y divertirnos haciéndolo. Pero esto ya no es divertido.
Confié en ti cuando nos subimos a este pedazo de madera astillada. Confié en que no saltarías con demasiada fuerza, o simplemente te alejarías cuando tus pies tocaran la grava.
Pero ahora me encuentro queriendo bajarme mientras estoy abajo. Sacudir las piedritas de mis zapatos y seguir adelante. Tal vez pueda canalizar mi caída en algo que nos despierte a ambos de esta pesadilla. Mi esperanza siempre fue lanzarte al estratosfera, pero mi realidad es que físicamente no puedo.
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