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Todos ustedes dejaron espinas más grandes en mi costado de las que yo hubiera anticipado, o con las que yo hubiera estado dispuesto a simpatizar. No sé cómo llegaron ahí, sin que yo hubiera sospechado, que dejarían tal daño, tal dolor... En un lugar que no tenía paciencia para mentiras.
No... Ustedes eran monstruos, justo ahí, claramente, frente a mis ojos... Me di la vuelta, dejando los pinchazos, las espinas... La estaca, para que fuera una sorpresa. Nunca supe cuán pálido me había puesto, hasta que al fin, vi el amanecer.
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